SEGURIDAD NACIONAL, DEFENSA NACIONAL Y FUERZA ARMADA
No necesariamente la función básica de los ejércitos es hacer la guerra, ya que la
Constitución de la República los enmarca en una serie de misiones colaterales y
concurrentes al objetivo nacional más preciado que es el del bien común. De allí que en
su formulación de la Política Nacional, el Gobierno de nuestro país, debe procurar
también la coordinación de los esfuerzos comunes de todo orden, tanto externos
como internos, de los Organismos del Estados y las fuerzas vivas de la nación, para
alcanzar los objetivos que aseguren la satisfacción global de las necesidades permanentes
del Estado y sus componentes.
La Política Nacional, para poder aplicarse adecuadamente debe descomponerse en políticas
particulares orientadas a cumplir un objetivo determinado. Surge lo correspondiente a la
Seguridad Nacional y que es la capacidad o condición lograda por un Estado, al adoptar un
conjunto de previsiones y acciones que tienden a fortalecer el Poder nacional y evitar,
eliminar o paliar vulnerabilidades, de manera de quedar en condiciones de enfrentar, con
razonables posibilidades de éxito, amenazas y agresiones de origen interno y externo, que
puedan afectar la consecución del Objetivo Nacional.
De allí se deriva la Función de Defensa Nacional como función del Estado (labor o trabajo), no nos referimos al Ministerio, ni un campo de acción determinado, ni de un sector, ni de una actitud, ni de un sistema, ni de la Fuerza Armada, es una actividad que involucra a la nación completa.
Recordemos que la seguridad del país descansa fundamentalmente en nuestra propia capacidad de defensa. De poco sirven las alianzas o pactos de seguridad colectiva, de los que hay una gran cantidad de ejemplos históricos, una gran mayoría de los cuales no ha funcionado oportunamente o no ha tenido éxito, ello es una realidad indiscutible sobre todo en el ámbito latinoamericano.
Es así, que la Defensa nacional no es solo defensa física, sino también la defensa
de lo permanente, de lo esencial; de los valores de la patria. De allí que la defensa
nacional no puede limitarse solamente a mantener el territorio, como la plataforma física
del Estado, sino que, además, proyecta su acción al mantenimiento y robustecimiento de
aquello que es propio del ETOS nacional y de los objetivos que sirven de
soporte a su existencia.
La Defensa Nacional, a pesar de ser un bien público, pues todos los ciudadanos y el Estado gozan de los beneficios que ella reporta, no es popular por que no reditúa dividendos electorales y por que no todos los ciudadanos aportan su cuota de responsabilidad pensando talvez que de todas maneras recibirán el beneficio de la Defensa nacional. Este fenómeno se presenta sobre todo cuando el país ha tenido un período largo de paz y tranquilidad.
El proceso de preparación de la Defensa Nacional es largo y se desarrolla siempre en gran medida en tiempo de paz, con las actividades tendientes a la preparación y fortalecimiento de los medios humanos, financieros, tecnológicos y materiales, con el propósito de llegar en las mejores condiciones a un eventual conflicto bélico, poniendo en ejecución las acciones en contra de un adversario.
Dentro de estos medios, sin duda desempeña un papel preponderante el medio militar, cuyo instrumento, la Fuerza Armada, constituye el órgano de disuasión y de coerción de nuestro país ante las amenazas de seguridad y a los altos intereses de la patria. La Defensa nacional en fin, desarrolla su tarea mediante el cumplimiento de ciertas funciones, las cuales son:
No sabemos cuando habrá de nuevo una guerra, o será necesario el empleo del potencial bélico de nuestra nación. Esto dependerá en gran manera de cómo nuestro país se inserte en la globalización y todos los retos por venir en el nuevo milenio.
Solamente deseo finalizar este artículo con las palabras de su Santidad Juan Pablo II, pronunciadas en la Jornada Mundial de la Paz el 8 de diciembre de 1993: El mundo anhela la paz, tiene urgente necesidad de paz y, sin embargo, guerras, conflictos, creciente violencia, situaciones de inestabilidad social y pobreza endémica continúan cosechando víctimas inocentes y generando divisiones entre los individuos y los pueblos. ¡La paz parece, a veces, una meta verdaderamente inalcanzable!. En un clima hostil por indiferencia y envenenado frecuentemente por el odio, ¿Cómo esperar que venga una era de paz, que solo los sentimientos de solidaridad y amor pueden hacer posible?.
ROBERTO ARTIGA CHICAS